Hemos conocido que las leyendas son historias inventadas que se cuentan como si fueran reales. Nos hemos propuesto inventar leyendas relacionadas con el Mar Menor. Estas son algunas:
Un lunes cualquiera apareció un
charquito en una antigua playa seca. Poco a poco el charco aumentaba hasta que
un día se llenó la playa de agua. Pero, claro, era de agua dulce.
Todo el mundo iba a bañarse y a recoger agua para beber. Un día Neptuno,
el rey del mar, se hartó de beber agua
dulce. Cogió un salero que ponía “San Pedro” y se puso a repartir toda la sal
que tenía por toda la playa del charco. El agua se volvió salada, muy salada.
Tan salada que a Neptuno le picaban los ojos cuando se bañaba. Por eso se fue a
mares más profundos diciendo: “Quedarse con la sal”. Desde entonces sacan sal
sin parar de las salinas de San Pedro.
Me cuenta mi madre que decía mi
abuelo que parece que en los tiempos muy antiguos contaban que había unos
pasadizos subterráneos que comunicaban la Casa del Reloj y el Castillo de la
Condesa. Yo no sé si será verdad o leyenda. El caso es que me encantaría
encontrarlos y entonces imaginar por qué se construyeron, ¿quién se querría
escapar por esos pasadizos?, ¿o quizás era alguien con una doble vida?, ¿qué
aventuras se vivieron en esas galerías secretas? ¡Me gustaría que hicieran una
película así!


Esta triste sirena habitaba los
fondos del mar donde tiene un palacio de nácar, corales y perlas el Rey de los
Océanos, Poseidón.
El destino, que es ciego, hizo a
la sirena enamorarse de su Rey y tanto se enamoró que compuso un canto de amor
encendido al Dios de los Mares. La esposa de Poseidón enfermó de celos y mandó
traer a la sirena. Entonces pidió un castigo para la sirena algo más duro que
la muerte: Que regrese al reino de la no existencia donde nadie tiene nombre y
donde nadie puede ser visto.


-
Dígame, buen hombre ¿aquí no hay mar?
-
No. Le dijo el señor.
Al día siguiente, el viajero
preguntó a una muchacha:
-
Dígame, buena mujer ¿Podría decirme donde puedo
encontrar agua?
-
Sí. Acompáñeme.
Y lo llevó hasta unos molinos de
agua que había en una charca.
El extraño viajero se marchó del
pueblo agradecido. Al poco tiempo, la charca de los molinos creció y creció
hasta llegar al mar. Se llenó de sal y salinas. Llegaron aves de todas clases a
vivir en ellas. Siguió creciendo y creciendo hasta formar otro mar que se llenó
de playas.
Antes sólo existía un Mar: el Mar
Mediterráneo, pero un volcán sumergido entró en erupción y de tantas piedras y
rocas que tiró hacia arriba se crearon islas hasta cerca de Cartagena. También
se formó una lengua de tierra que al fin y al cabo la llamaron La Manga. Este
trozo de tierra separó un trozo de mar, que le llamaron el Mar Menor.
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